4.1 La Sagrada Escritura, el Catecismo de la
Iglesia y la Catequesis
El Directorio General para la Catequesis (Congregación para el Clero, 17
de abril de 1998), señala en sus números 119 y siguientes:
La Iglesia ha dispuesto siempre de formulaciones de la fe que, en forma
breve, condensan lo esencial de lo que Ella cree y vive: textos
neotestamentarios, símbolos o credos, fórmulas litúrgicas, plegarias eucarísticas.
Más tarde ha considerado también conveniente explicitar de modo más amplio la
fe, a manera de una síntesis orgánica, por medio de los Catecismos que, en
numerosas Iglesias locales, se han ido elaborando en estos últimos siglos. En
dos momentos históricos, con ocasión del concilio de Trento y en nuestros días,
se ha considerado oportuno ofrecer una exposición orgánica de la fe mediante un
Catecismo de carácter universal, como punto de referencia para la catequesis en
toda la Iglesia. Así, en efecto, ha procedido San Juan Pablo II, al promulgar
el Catecismo de la Iglesia Católica el 11 de octubre de 1992.
El Catecismo de la Iglesia Católica es "una exposición de la fe de
la Iglesia y de la doctrina católica, atestiguadas e iluminadas por la Sagrada
Escritura, la Tradición apostólica y el Magisterio de la Iglesia".
Es un acto del Magisterio del Papa por el que, en nuestro tiempo,
sintetiza normativamente, en virtud de la Autoridad apostólica, la totalidad de
la fe católica y la ofrece, ante todo a las Iglesias particulares, como punto
de referencia para la exposición auténtica del contenido de la fe.
Finalidad y naturaleza
del Catecismo de la Iglesia Católica
El propio Catecismo de la Iglesia Católica indica, en su prólogo, el fin
que persigue: "Este catecismo tiene por fin presentar una exposición
orgánica y sintética de los contenidos esenciales y fundamentales de la
doctrina católica, tanto sobre la fe como sobre la moral, a la luz del Concilio
Vaticano II y del conjunto de la Tradición de la Iglesia".
El Magisterio de la Iglesia con el Catecismo de la Iglesia Católica ha
querido ofrecer un servicio eclesial para nuestro tiempo, reconociéndolo:
- "Instrumento válido y autorizado al servicio de la comunión
eclesial". Desea fomentar el vínculo de unidad al
facilitar en los discípulos de Jesucristo la profesión de una misma fe recibida
de los apóstoles" (CEC 815).
- "Norma segura para la enseñanza de la fe". Ante el legítimo derecho de todo bautizado de conocer lo que la
Iglesia ha recibido y cree, el Catecismo de la Iglesia Católica ofrece una
respuesta clara. Es, por ello, referente fundamental para la catequesis y para
las demás formas del ministerio de la Palabra.
- "Punto de referencia para los catecismos o compendios que
se redacten en las diversas regiones". El Catecismo de la
Iglesia Católica, en efecto, no está destinado a sustituir a los catecismos
locales, sino a "alentar y facilitar la redacción de
nuevos catecismos locales que tengan en cuenta las diversas situaciones y
culturas, pero que guarden cuidadosamente la unidad de la fe y la fidelidad a
la doctrina católica".
La naturaleza o carácter propio de este documento del Magisterio
consiste en el hecho de que se presenta como síntesis orgánica de la fe de
valor universal. En esto difiere de otros documentos del Magisterio, que no
pretenden ofrecer dicha síntesis. Es diferente también de los Catecismos
locales, los cuales, aunque elaborados en la comunión eclesial, se destinan,
sin embargo, al servicio de una porción determinada del Pueblo de Dios.
El Catecismo de la Iglesia Católica se articula en torno a cuatro
dimensiones fundamentales de la vida cristiana: la profesión de fe, la
celebración litúrgica, la moral evangélica y la oración. Las cuatro brotan de
un mismo núcleo, el misterio cristiano, que: "es el objeto de la fe
(primera parte); es
celebrado y comunicado en las acciones litúrgicas (segunda parte); está presente
para iluminar y sostener a los hijos de Dios en su obrar (tercera parte); y es
el fundamento de nuestra oración, cuya expresión privilegiada es el "Padre
nuestro, y que constituye el objeto de nuestra petición, nuestra alabanza y
nuestra intercesión (cuarta parte)".
Esta articulación cuatripartita desarrolla los aspectos esenciales de la fe:
1. Creer en Dios creador, Uno y Trino, y en su
designio salvífico.
2. Ser santificado por Él en la vida
sacramental.
3. Amarle con todo el corazón y amar al
prójimo como a sí mismo.
4. Orar esperando la venida de su Reino y el
encuentro cara a cara con Él.
El Catecismo de la Iglesia Católica se refiere así a la fe creída,
celebrada, vivida y hecha oración y constituye una llamada a una educación
cristiana integral.
La articulación del Catecismo de la Iglesia Católica remite a la unidad
profunda de la vida cristiana. En él se hace explícita la interrelación entre
"lex orandi", "lex credendi" y "lex
vivendi". La Liturgia es, por sí misma, oración; la confesión de fe
tiene su justo lugar en la celebración del culto. La gracia, fruto de los
sacramentos, es la condición insustituible del obrar cristiano, igual que la
participación en la liturgia requiere la fe. Si la fe no se concreta en obras
permanece muerta y no puede dar frutos de vida eterna.
Con esta articulación tradicional en torno a los cuatro pilares que
sostienen la transmisión de la fe (símbolo, sacramentos, decálogo, Padre
nuestro), el Catecismo de la Iglesia Católica se ofrece
como referente doctrinal en la educación de las cuatro tareas básicas de la
catequesis y para la elaboración de Catecismos locales, pero no
pretende imponer ni a aquélla ni a éstos una configuración determinada. El modo
más adecuado de ordenar los elementos del contenido de la catequesis debe
responder a las respectivas circunstancias concretas y no se debe establecer a
través del Catecismo común. La exquisita fidelidad a la
doctrina católica es compatible con una rica diversidad en el modo de
presentarla.
el cristocentrismo
trinitario y la sublimidad de la vocación de la persona humana
El eje central de la articulación del Catecismo de la Iglesia Católica
es Jesucristo, "camino, verdad y
vida" (Jn 14,6).
El Catecismo de la Iglesia Católica, centrado en Jesucristo, se abre en
dos direcciones: hacia Dios y hacia la persona humana.
El misterio de Dios, Uno y Trino, y su economía salvífica, inspiran y
jerarquizan desde dentro al Catecismo de la Iglesia Católica en su conjunto,
así como a cada una de sus partes. La profesión de fe, la liturgia, la moral
evangélica y la oración tienen, en el Catecismo de la Iglesia Católica, una
inspiración trinitaria, que atraviesa toda la obra como hilo conductor. Este elemento central inspirador contribuye a dar al texto un
profundo carácter religioso.
El misterio de la persona humana es presentado por el Catecismo de la
Iglesia Católica a lo largo de sus páginas y, sobre todo, en algunos capítulos
especialmente significativos: "El hombre es capaz de Dios", "La
creación del hombre", "El Hijo de Dios se hizo hombre", "La
vocación del hombre: la vida en el Espíritu"... y otros más. Esta
doctrina, contemplada a la luz de la naturaleza humana de Jesús, hombre
perfecto, muestra la altísima vocación y el ideal de perfección a la que toda
persona humana es llamada.
En verdad, toda la doctrina del Catecismo de la Iglesia Católica queda
sintetizada en este pensamiento conciliar: "Jesucristo, en la misma
revelación del Padre y de su amor, manifiesta plenamente lo que es el hombre al
propio hombre y le descubre la sublimidad de su vocación".
Es importante descubrir el género literario del Catecismo de la Iglesia
Católica para respetar la función que la autoridad de la Iglesia le atribuye en
el ejercicio y renovación de la actividad catequética en nuestro tiempo.
Los rasgos principales que definen el género literario del Catecismo de
la Iglesia Católica son:
El Catecismo de la Iglesia Católica es, ante todo, un catecismo; es decir, un texto oficial
del Magisterio de la Iglesia que, con autoridad, recoge de forma precisa, a
modo de síntesis orgánica, los acontecimientos y verdades salvíficas
fundamentales, que expresan la fe común del pueblo de Dios, y que constituyen
la referencia básica e indispensable para la catequesis.
Por ser un catecismo, el Catecismo de la Iglesia Católica recoge lo que
es básico y común en la vida cristiana, sin proponer como doctrina de fe interpretaciones
particulares, que no son sino opiniones privadas o pareceres de alguna escuela
teológica.
El Catecismo de la Iglesia Católica es, por otra parte, un catecismo de carácter universal, ofrecido a toda
la Iglesia. En él se presenta una síntesis actualizada de la fe, que incorpora
la doctrina del Concilio Vaticano II y los interrogantes religiosos y morales
de nuestra época. Pero, "por su misma finalidad, este catecismo no se
propone dar una respuesta adaptada, tanto en el contenido como en el método, a
las exigencias que dimanan de las diferentes culturas, de las edades, de la
vida espiritual y de situaciones sociales y eclesiales de aquellos a quienes se
dirige la catequesis. Estas indispensables adaptaciones corresponden a
catecismos propios de cada lugar, y más aún a aquellos que toman a su cargo
instruir a los fieles".
El Concilio Vaticano II se propuso como tarea principal la de custodiar y
explicar mejor el depósito precioso de la doctrina cristiana, con el fin de
hacerlo más accesible a los fieles de Cristo y a todos los hombres de buena
voluntad.
El contenido de este depósito es la Palabra de Dios, custodiada en la
Iglesia. El Magisterio de la Iglesia, habiéndose propuesto elaborar un texto de
referencia para la enseñanza de la fe, ha elegido de este precioso tesoro las
cosas nuevas y antiguas que ha considerado más convenientes para el fin
pretendido. El Catecismo de la Iglesia Católica se presenta así como un
servicio fundamental: ayudar a que el anuncio del Evangelio y la enseñanza de
la fe, que toman su mensaje del depósito de la Tradición y de la Sagrada
Escritura confiado a la Iglesia se realicen con total autenticidad. El
Catecismo de la Iglesia Católica no es la única fuente de la catequesis, ya
que, como acto del Magisterio, no está por encima de la Palabra de Dios, sino a
su servicio. Pero es un acto, especialmente relevante, de interpretación
auténtica de esa Palabra, con el propósito de ayudar a que el Evangelio sea
anunciado y transmitido en toda su verdad y pureza.
A la luz de esta relación del Catecismo de la Iglesia Católica respecto
al depósito de la fe conviene esclarecer dos cuestiones de vital importancia
para la catequesis:
a) La relación de la Sagrada Escritura y el Catecismo de la Iglesia
Católica como puntos de referencia para el contenido de la catequesis.
b) La relación entre la tradición catequética de los Padres de la
Iglesia, con su riqueza de contenidos y comprensión del proceso catequético, y
el Catecismo de la Iglesia Católica.
La Sagrada
Escritura, el Catecismo de la Iglesia Católica y la catequesis
La Constitución Dei Verbum del Concilio Vaticano II, subraya la
importancia fundamental de la Sagrada Escritura en la vida de la Iglesia. La
Sagrada Escritura es presentada, juntamente con la Sagrada Tradición,
"como regla suprema de la fe", ya que transmite "inmutablemente
la palabra del mismo Dios y, en las palabras de los Apóstoles y los Profetas,
hace resonar la voz del Espíritu Santo" (DV 21). Por eso
la Iglesia quiere que, en todo el ministerio de la Palabra, la Sagrada
Escritura tenga un puesto preeminente. La catequesis, en concreto, debe ser
"una auténtica introducción a la 'lectio
divina', es decir, a la lectura de la Sagrada Escritura, hecha según el
Espíritu que habita en la Iglesia".
En este sentido, "hablar de la Tradición y de la Escritura como
fuentes de la catequesis es subrayar que ésta ha de estar totalmente impregnada
por el pensamiento, el espíritu y las actitudes bíblicas y evangélicas, a
través de un contacto asiduo con los mismos textos; y es también recordar que
la catequesis será tanto más rica y eficaz cuanto más lea los textos con la
inteligencia y el corazón de la Iglesia" (CT 27). En esta
lectura eclesial de la Escritura, hecha a la luz de la Tradición, el Catecismo
de la Iglesia Católica desempeña un papel muy importante.
La Sagrada Escritura y el Catecismo de la Iglesia Católica se presentan
como dos puntos de referencia para inspirar toda la acción catequizadora de la
Iglesia en nuestro tiempo:
En efecto, la Sagrada Escritura, como "Palabra de Dios escrita bajo
la inspiración del Espíritu Santo" y el Catecismo de la
Iglesia Católica, como expresión relevante actual de la Tradición viva de la
Iglesia y norma segura para la enseñanza de la fe, están llamados, cada uno a
su modo y según su específica autoridad, a fecundar la catequesis en la Iglesia
contemporánea.
La catequesis transmite el contenido de la Palabra de Dios según las dos
modalidades con que la Iglesia lo posee, lo interioriza y lo vive: como
narración de la Historia de la Salvación y como explicitación del Símbolo de la
fe. La Sagrada Escritura y el Catecismo de la Iglesia Católica han de inspirar
tanto la catequesis bíblica como la catequesis doctrinal, que canalizan ese
contenido de la Palabra de Dios.
Es importante que, en el desarrollo ordinario de la catequesis, los
catecúmenos y catequizandos puedan apoyarse tanto en la Sagrada Escritura como
en el Catecismo local. La catequesis, en definitiva, no es otra cosa que la
transmisión, vital y significativa, de estos documentos de la fe.

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